Mesa redonda: Trabajo, tiempo de ocio y calidad de vida

Moderador y Ponentes.- De izda. a dcha.: D. Alejandro Fernández Pombo, Presidente de la FAPE /1999-2004); D. Lorenzo Rodríguez Durántez, Gerente de Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, Moderador; D. Francisco Javier Gurí, Asesor del Gabinete Técnico del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, y D. Carlos Sánchez-Reyes, Presidente de la Organización de Consumidores y Usuarios.

D. LORENZO RODRÍGUEZ DURÁNTEZ
Gerente del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
Moderador

Buenos días a todos. Como tenemos el tiempo muy justo vamos a empezar la primera Mesa y, un poco simultanearlo con la despedida del Consejero de Empleo y Mujer de la Comunidad de Madrid. Dos cuestiones. Una: el tiempo es una cuestión, como se acaba de decir, de organización. Entonces, nos vamos a organizar, y el debate sobre el tiempo es una cuestión de ideas. Por lo tanto, vamos a dar primacía a la exposición de ideas en esta primera Mesa.

Cuestión de organización: tenemos una hora para cumplir exactamente el final de la Mesa Redonda, a las once y cuarto. Entonces la vamos a dividir en tres segmentos. En una primera parte, los miembros, los ponentes, van a hacer una exposición limitada a unos siete minutos. Para lo cual dedicaremos veinte minutos. En otra de las partes de esta hora, veinte minutos, la vamos a dedicar a la exposición de los invitados especiales, y luego vamos a dejar veinte minutos para que todo el mundo, no solamente los ponentes que están en la Mesa, sino los que están en la audiencia -en definitiva esto es una Mesa, una reunión de personas de extraordinaria cualificación- para que pueda haber unas intervenciones cruzadas e igualmente sugestivas.

Me voy a limitar por eso, en la presentación de los miembros de la Mesa y de nuestros invitados, exclusivamente a una referencia telegráfica y elemental, puesto que son personas debidamente conocidas y una exposición precipitada y un poco recargada no añadiría nada a vuestro conocimiento de los mismos.

En primer lugar, a mi derecha, Alejandro Fernández Pombo. Destacadísimo periodista, Doctor en Ciencias de la Educación, por todos conocido, sobre todo por los que ya tenemos una determinada edad, por un tiempo extraordinario en que dirigió el diario Ya, en que era la prensa del día, y la noticia del día venía en Ya. Posterior-mente fue Presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid y de la Federación de Asociaciones de Prensa de España.

A mi izquierda, Francisco Javier Guri Adrados, sociólogo y Asesor del Gabinete Técnico del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid. Y dos puestos más a mi izquierda, Carlos Sánchez Reyes, ex Decano del Colegio de Economistas de Madrid, Presidente de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) y, para mí, un cargo entrañable, digamos próximo a mi condición de palentino, en el tiempo en que fue Presidente de las Cortes de Castilla y León.

Nuestros invitados especiales para la mesa: Don José Luis Borau, igualmente no sólo conocido de todos, sino que hemos disfrutado todos extraordinariamente de su obra como director de cine y como Presidente de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas y Premio Nacional de Cinematografía; Pedro Duque, Español Universal, Ingeniero Aeronáutico, astronauta; y Claro Fernández Carnicero, que ha sido Subsecretario de Medio Ambiente y en la actualidad Letrado de las Cortes en el Senado, como Jefe del Departamento de Estudios del Senado. Sin más introducción tiene la palabra Alejandro Fernández Pombo. Muchas gracias.

D. ALEJANDRO FERNÁNDEZ POMBO
Presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid y de la
Federación de Asociaciones de la Prensa de España (1999-2004)
Ponente

Gracias por tus palabras de presentación. Buenos días a todos y voy a tratar de sujetarme a estos difíciles siete minutos. En realidad, yo quiero decir, puesto que hablo en nombre de los medios de comunicación, que los medios de comunicación tenemos mucho que ver con los horarios porque en parte generamos algunas de las costumbres de esos horarios, pero sobre todo tenemos que adaptarnos a ellos.

Es decir, los horarios de los periódicos, de las radios, de las televisiones, son los que demanda la sociedad y si la sociedad madruga más, los periódicos tienen que salir antes. Salen mucho antes que salían hace unos años. No sólo porque se empieza a trabajar antes, sino porque ahora en las ciudades, sobre todo, hay ese tiempo que exige el traslado y tiene que estar antes en los quioscos para la gente que quiere comprar el periódico.

Otra de las costumbres que han afectado a los periódicos: ustedes saben que ha desaparecido, hablando de la prensa escrita, la prensa de la tarde, que tenía una función muy característica y que, sobre todo, tenía su mayor consumo a la salida del trabajo y en el regreso a casa. Y era el periódico que se leía en el autobús o en el tranvía camino de casa. Ahora el regreso en el autobús, en el tranvía o en el tren es mucho menor. Se va en el coche, y en el coche hay, cosa que no había cuando el esplendor de la prensa de la tarde, una radio que está dando las noticias.

Naturalmente el horario de los periodistas de la Prensa escrita -es decir, el de su trabajo y el de sus ocios- ha tenido que adaptarse al de las costumbres sociales y las normas laborales de la sociedad española en las ciudades, pero también al de nuevas técnicas de comunicación. En cuanto a la televisión y la Radio, no tienen horarios. Ni siquiera si hacemos una separación en lo que tiene de espectáculo, de creación o de documentación por un lado, y de lo que es información, por otro. Es cierto que hay, normalmente diarios hablados o telediarios en distintas horas más o menos fijas, del día y de la noche; pero es que, además, ante cualquier acontecimiento, local, nacional o mundial que se salga de lo corriente, hay que desplegar inmediatamente las emisiones extraordinarias, al mismo tiempo y en el mismo lugar donde se producen los hechos, sustituyendo y superando así a las ediciones especiales de los periódicos.

Sí es preciso decir aquí que si algunos medios han sito tradicionalmente ‘víctimas’ de los horarios, otros en cambio, además de serlo han sido ‘causa’ de los cambios horarios, sobre todo por lo que se refiere a las últimas horas de cada día.; más en lo que tienen esos medios de espectáculo que en lo que supone de información, aunque también, por carambola, afecta a los horarios de los últimos telediarios.

Efectivamente, apoyándose en las audiencias, y en la publicidad que les acompaña, la programación más atrayente se lleva a unas horas que sí han reducido el horario callejero de las grandes ciudades, han prolongado el trasnoche en los hogares, cuando por otras circunstancia -el trabajo y su acceso, los centros escolares distantes...- se adelantan las horas de levantarse.

Es este un aspecto que habrá que tener en cuenta en toda reforma horaria, y que sólo será posible si se opera en común y no con la guerra de las competencias.

También es obligado hacer referencia, aunque sea muy brevemente a la importancia de los medios (en la prensa escrita por su indudable peso en la opinión pública; en los audiovisuales y digitales, por pos poderosa difusión del debate que pueda surgir) al acometer este problema y al abordar soluciones. Los medios independientes podrán soluciones y adoptar posturas, pero, sobre todo, podrán y deberán llevar a los lectores, oyentes, y telespectadores y usuarios de Internet, la trascendencia social y económica de los horarios, empezando por ofrecer la comparación de lo que ocurre en otros países (especialmente los estados inmediatos o próximos, en el espacio o en la relación) con los que estamos cada vez más obligados a coincidir en mundo sin fronteras, o con menos fronteras por lo menos.

D. LORENZO RODRÍGUEZ DURÁNTEZ
Gerente del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
Moderador

El turno es ahora de D. Francisco Javier Guri. Cuando quieras.


D. FRANCISCO JAVIER GURI ANDRADES
Asesor del Gabinete Técnico del Defensor del Menor
de la Comunidad de Madrid
Ponente

Voy a centrar mi intervención en esta mesa planteando algunas cuestiones, a manera de reflexión, sobre los tiempos de trabajo y sobre todo de ocio que actualmente disponen nuestros niños y adolescentes; y como esos tiempos y las actividades que en ellos se desarrollan están directamente relacionados con los horarios y tiempos de trabajo y ocio de los adultos.

Por un lado, se puede apreciar una tendencia, cada vez más extendida, de ampliación del horario escolar que responde, en la mayoría de los casos, a las exigencias temporales que marca el mercado de trabajo adulto y no estrictamente a las propias necesidades de los niños y niñas de ocupación de su tiempo.

Así se puede apreciar como, cada vez en más centros educativos, se facilita la posibilidad de acudir a ellos entre una o dos horas antes del inicio de las clases, con programas asistenciales de apoyo a las familias del tipo ‘los primeros del colegio’ o ‘desayunos escolares’.

Igualmente es fácil encontrar, al acabar el periodo lectivo, planes de extensión educativa, es decir, actividades extraescolares, que si bien en la mayoría de las ocasiones facilitan el desarrollo lúdico, deportivo o artístico de los menores, alargan en una o dos horas más la jornada de los niños en los centros escolares.

Tendríamos que preguntarnos, en este caso, si dichas actividades son demandas, queridas o necesarias para nuestros hijos o si más bien responden nuevamente a ajustes en el reloj de los padres. En cuanto al resto del tiempo de que disponen nuestros niños y niñas después de sus ocupaciones escolares y extraescolares, nos encontramos con un amplio abanico de actividades de ocio y esparcimiento, de las que me gustaría resaltar algunas de ellas, pues sin duda, también tienen relación con los tiempos adultos.

En las ocupaciones de ocio de nuestros niños y jóvenes se vienen observando importantes cambios en los últimos tiempos. Por ejemplo, la casa, cada vez más, va adquiriendo una nueva función o papel con relación a actividades asociadas con el tiempo libre. Va cediendo el protagonismo que tenía como espacio de encuentro, y va ganando relevancia como lugar donde se adquiere, se procesa y consume información; tanto recurriendo a medios audiovisuales como a los equipamientos informáticos.

Así, se puede destacar que el principal tiempo de ocupación de ocio de nuestra infancia y adolescencia es el dedicado a ver televisión, un agente hoy en día fundamental en la socialización de los individuos y, como tal, un claro transmisor de valores, hábitos y pautas de comportamiento a un mismo nivel, incluso en algunos casos superior, a la familia, la escuela y el grupo de pares.

Este tiempo podría definirse como:

Intenso:

Frecuentemente, es realizado sin control familiar y de una manera solitaria:

Durante este tiempo, visualizan contenidos y programas en gran medida de adultos:

Del tiempo total que pasan los niños viendo televisión, solamente un 25% corresponde a programas infantiles. La programación infantil, en el año 2003, únicamente ocupó el 8,7% del total de las emisiones de las cadenas generalistas, destacando La 2 con un 14,7%.

Pero, además, de estos altos consumos de televisión, la proliferación de los videojuegos, en gran número de hogares, está transformando de forma importante las maneras en que los individuos, y en concreto los niños, se relacionan con esta nueva dimensión audiovisual, ocupando buena parte de un tiempo libre vivido también en solitario. Así, se puede observar que, con relativa frecuencia, cuando los niños no están delante del televisor, posiblemente estén delante de otras pantallas:

Según el mencionado Estudio de Audiencia Infantil/Juvenil de Medios en España 2004, el 73,7% de los niños entre 8 y 13 años poseen una videoconsola y le dedican 172 minutos de promedio semanal a jugar con ella. (Casi 3 horas semanales).

Pero, a medida de que avanza la edad, el tiempo que dedican a jugar a videojuegos también aumenta. Según un reciente estudio realizado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), en colaboración con el Instituto de la Juventud (INJUVE), y la Obra Social de Caja de Madrid, el 58,5% de los adolescentes entre 14 y 18 años son jugadores de videojuegos.

De este porcentaje, un 42,4% juegan con una frecuencia mínima de 3 días a la semana, o incluso con una frecuencia diaria, y uno de cada cuatro adolescentes afirma emplear en esa actividad más de dos horas diarias en días laborables.

Para completar descriptivamente el fenómeno audiovisual en el hogar, es interesante reseñar como el mercado del vídeo y del DVD también ocupa un importante espacio en el tiempo de ocio del público infantil y adolescentes.

Según datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, los cinco títulos de vídeo con mayor número de copias comercializadas en el año 2003, estaban dirigidos a un público infantil y adolescente, siendo tres de ellos en formato dibujos animados: El Rey León, El libro de la Selva 2 y El planeta del tesoro.

Después de esta breve descripción de lo audiovisual, cuantitativa y cualitativamente importante en la dedicación del tiempo libre de nuestros menores, me gustaría apuntar algunas consideraciones generales, con vistas a plantear la necesaria racionalización de estos tiempos de ocio, fundamentales para el desarrollo global de los niños en todas sus facetas.

No debemos caer en demonizar las nuevas tecnologías por sí mismas. Aprendamos y enseñemos a utilizarlas racionalmente, pues su uso, ayudará a nuestros menores a entender y a estar en el mundo actual. Tanto la televisión, como el resto de medios audiovisuales, tienen multitud de aspectos aprovechables: divertidos, entretenidos y educativos. La figura del adulto, padres y educadores, se torna fundamental en este ámbito.

Su crítica y diálogo puede y debe ayudar a la descodificación y compresión de lo que los niños ven por televisión, por Internet, a través de los videojuegos. Dialoguemos y reflexionemos con ellos, así facilitaremos su espíritu crítico y la construcción de su pensamiento.

Ayudemos a dosificar sus tiempos y horarios de trabajo y ocio, propiciando, sobre todo, las actividades vinculadas con la interacción con otros niños. (El niño precisa de otros niños para crecer y desarrollarse, siendo la comunicación con los demás y las relaciones sociales, la base del aprendizaje y el crecimiento).

Con relación al juego, no debemos olvidar que los niños precisan jugar, requiere tiempos para jugar y espacios adecuados y libres para ello. Propiciemos que jueguen acompañados de otros niños, que sepan también jugar solos y, desde la familia, dediquemos un tiempo para jugar con ellos, penetrar en su mundo, conocer sus intereses, experiencias y posicionamientos.

Asimismo, es importante estimular y enseñar a los niños que existen múltiples actividades y opciones que deben experimentar para ocupar su tiempo libre y de ocio:

En resumen, si racionalizamos los horarios de los adultos, de padres y madres por igual, compatibilizándolos de manera efectiva y real con los tiempos de los hijos, necesariamente éstos repercutirán de manera positiva en un desarrollo integral de nuestros niños y niñas.

D. LORENZO RODRÍGUEZ DURÁNTEZ
Gerente del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
Moderador

Forzosamente las restricciones del tiempo nos imponen a ir deprisa y a no demorarnos o disfrutar más porque, evidentemente, yo según os estaba oyendo terminar a cada uno pensaba qué maravilloso es escuchar a un gran maestro, a un viejo maestro, joven pero ya experimentado del periodismo, como Alejandro Fernández Pombo, explicar esta experiencia en la evolución de los medios de comunicación, o a Francisco Javier Guri esta información sociológica además tremendamente interesante y deslumbrante y muy desconocida. Carlos, tu turno.

D. CARLOS SÁNCHEZ REYES
Presidente de la OCU
Ponente

Buenos días a todos. Antes de nada, querría subrayar en esta intervención que para normalizar y racionalizar los horarios; para conseguir una mejor calidad de vida; para conseguir compatibilizar la actividad laboral con el ocio, con la vida familiar; para que efectivamente -como señalaba quien me ha precedido en el uso de la palabra-, padres y madres puedan realmente realizar el papel que les corresponde, esa normalización o esa racionalización, no consiste en imponer ningún tipo de corsés. No se trata de decir que todos vamos a trabajar de nueve a dos, después de dos y media a cuatro y media… Es decir, creo que ése no es, ni mucho menos, el camino porque además resulta absolutamente imposible. Yo creo que los corsés son muy difíciles de imponer.

Más bien, lo que se plantea, desde mi punto de vista, es que la solución a esa normalización que queremos o a esa racionalización de los horarios, y en línea con lo que está sucediendo en la Europa -a la que pertenecemos cada vez más- es que lo que hay que buscar es una auténtica flexibilización de los horarios de todos, para irlos ajustando de acuerdo con las exigencias de los demás.

No todos podemos trabajar a la misma hora, no todos debemos ni podemos tener el ocio absolutamente a la misma hora, sino que tenemos que intentar compatibilizar los horarios de unos y otros para que efectivamente en su conjunto mejore la calidad de vida.

Concretamente, en mi noble condición de economista y de dirigente de una Asociación de Consumidores, me ha correspondido coordinar uno de los Grupos de Trabajo de la Comisión Nacional para la Racionalización de los horarios españoles y su Normalización con los de los demás países de la Unión Europea, y me voy a referir a ese Grupo de Trabajo, que es el de los Horarios Comerciales, y a lo que hemos hecho dentro de él.

Los horarios comerciales, venimos defendiendo en el Grupo de Trabajo -yo vengo defendiéndolo desde la Organización de Consumidores- deben basarse, fundamentalmente, en la libertad y la flexibilidad. Entendemos que la libertad y la flexibilidad de horarios es la mejor manera de servir a las exigencias del conjunto de los consumidores.

En esa línea con lo que antes nos comentaba el Consejero de que son cada vez más, felizmente, las mujeres que se incorporan a la vida laboral y que, evidentemente, determinadas actividades que antes podía realizar la mujer que se quedaba en casa mientras el hombre trabajaba -podía hacer las compras, etc.,- hoy día eso es, cada vez , menos fácil. Subrayemos además que hay otros factores: son muchos los que, supongo que por ningún placer, sino simplemente porque la evolución de la vida es así, ya no viven en los centros de las ciudades, donde existe un comercio de proximidad. En el centro, uno puede llegar de trabajar e inmediatamente comprar en la tienda de la esquina.

Hay montones de gente, cada vez son más, sobre todo en ciudades como Madrid, los que viven en la periferia, o en una urbanización donde según llega uno a su piso o a su chalet, tiene en la puerta de la esquina el antiguo colmado donde puedo comprar todas las cosas según llega del trabajo. Motivo por el cual nosotros defendemos que es necesario que el horario comercial sea en absoluto coincidente con otros horarios laborales y, al contrario, que los días de apertura, además, tengan que realizarse en muchos casos cuando los demás ocian.

Pero con esto no se trata de sacrificar a ningún colectivo en particular, ni sacrificar ningún tipo de fórmula comercial, es decir, no estamos auspiciando ni mucho menos el que tengan que desaparecer los comercios o que tengan que sacrificarse determinados colectivos.

Sacrificar a los colectivos, nos lo decía antes Fernández Pombo, los periodistas se han sacrificado, los policías se sacrifican, la gente que atiende a los restaurantes y a los cines se sacrifican, es decir, si queremos que alguien pueda disfrutar de ocio, el ocio lo disfrutamos porque hay otros están trabajando.

Quiero decir que, en modo alguno, no sería ningún caso extraño el por qué defendemos que probablemente el horario comercial no tiene por qué coincidir, no tiene por qué ser absolutamente coincidente con los horarios laborales. Entiendo que, al revés, el comercio debe ajustarse a las exigencias de los demás para que tengamos una mejor calidad de vida, para que uno pueda comprar a gusto, sin prisa. Porque, efectivamente-aunque esté mal que lo diga alguien que es un militante del mundo de los consumidores-, las compras son absolutamente imprescindibles. También es un ocio. La compra es un placer. Cuando uno puede comprar algo, digamos que lo disfruta.

Creo que, en ese sentido, la familia es, hoy día, cada vez más participativa. Antes, en las compras las decisiones las tomaba o la madre o el padre, o como mucho los dos. Pero, en este momento, incluso para comprar una lámpara, se marcha hasta con los hijos porque los hijos también tienen su palabra, también tienen cosas que decir, incluso hasta para colocar las cortinas de su habitación.

Lo que entiendo -estoy poniendo un ejemplo-, y así lo hemos planteado en ese Grupo de Trabajo de los horarios comerciales, es que la flexibilidad y la libertad es la mejor respuesta a lo que estamos buscando aquí, racionalidad; que las actividades de uno sean compatibles con las actividades de los demás. Y en ese sentido, auspiciamos la libertad, la libertad y el hecho de que se pueda abrir y no necesariamente. ¿Cuánto hay que abrir? ¿es que tienen que estar abiertos, permanentemente abiertos, todos los establecimientos hasta las doce de la noche por si hay alguien que le apetece? ¿es que hay que abrir todos los domingos? Bien, lo que nosotros planteamos es que la libertad y la flexibilidad es la adecuación.

El comerciante, si hay demanda, supongo que abrirá, y si no hay demanda no abrirá. Si para el conjunto de los consumidores resulta suficiente la apertura de un domingo al mes, probablemente no abrirán más que un domingo al mes, y dudo que abriesen muchos más. Si hacen falta cuatro domingos, abrirán los cuatro domingos.

Lo que nosotros estamos auspiciando -digamos lo que se señalaba en ese Grupo de Trabajo, es que la flexibilidad y la libertad, posiblemente en muchos casos, sea la mejor respuesta a lo que aquí pretendemos: racionalizar. Pongo un ejemplo, puesto que estamos hablando de Europa. Es evidente -supongamos un país como Francia, donde la libertad, por otro lado, eso sí, está condicionada al acuerdo sindical, lo cual me parece absolutamente perfecto-, que hay que tener en cuenta los derechos de los trabajadores. En modo alguno debemos de conculcar ninguna cuestión de estas, pero lo que es evidente -al margen de eso- es que si te marchas a París, y en domingo determinadas tiendas suelen estar cerradas, pero todos los establecimientos de los Campos Elíseos están, absolutamente todos, abiertos. Es decir, que cada uno sabrá lo que tiene que hacer, si hay posibilidades.

Recordaba a un directivo de una cadena de grandes establecimientos comerciales que me decía que determinado establecimiento de Madrid, concretamente en el Paseo de la Castellana, no lo abriría los domingos porque, probablemente, le cuesta mucho más encender todas las luces, y, sin embargo, el que tiene en la calle Preciados lo tendría abierto permanentemente. Seamos conscientes, por consiguiente, que cuando hablamos aquí de horarios, y hablamos de racionalidad, y hablamos de normalización, no hablamos de corsés. Hablamos de flexibilidad y de adecuación de los horarios de todos y cada uno de nosotros a las exigencias de esa mejor calidad de vida y a las posibilidades de que la mujer que trabaja, el hombre que trabaja, pueda también realizar actividades de ocio, estar en casa o comprar cuando le apetezca o cuando realmente lo necesite. Eso era todo, muchas gracias.

Invitados Especiales.- de izda. a dcha.: D. José Luis Borau, Director de cine; D. Pedro Duque, Astronauta, “Español Universal” 2004, y D. Claro Fernández-Carnicero, Letrado de las Cortes, Presidente de la Fundación Tomás Moro.

D. LORENZO RODRÍGUEZ DURÁNTEZ
Gerente del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
Moderador

Tres series de intervenciones con reflexiones y propuestas brillantes y en tiempo. Vamos a solicitar la intervención de nuestros invitados especiales. Tanto respecto a lo que aquí se ha expuesto o a sus propias experiencias o planteamientos que estimen oportunos. Solamente quiero hacer una referencia al ceder la palabra en primer lugar a José Luis Borau, admirado director de cine, cuyo tiempo narrativo lleva normalmente hora y media, que como el resto de los invitados se ajuste a estos siete minutos. José Luis, por favor.

D. JOSÉ LUIS BORAU
Director de Cine
Invitado especial

Lo más curioso es que los españoles no vivimos con estos horarios toda la vida, como se suele creer. Hasta hace muy poco tiempo, vivíamos a la misma hora que los portugueses, que los franceses, que los italianos… Estoy hablando de los países latinos que nos rodean. Esto ha sido una degeneración que se ha producido en poco más de cien años y no lo sabemos. Los extranjeros creen que hemos vivido así siempre, pero los españoles empezamos a creerlo también. Y no es cierto.

No hay que remontarse ni siquiera a los tiempos de Larra, cuando cuenta los cocidos madrileños que todos sabemos. Ni siquiera a los más cercanos de Galdós. Hay una novela de un escritor, un novelista que hoy está un tanto olvidado, que era Armando Palacio Valdés. Esa novela se llama 'Riverita', donde el personaje principal, 'Riverita', es invitado en una casa de la alta burguesía madrileña, y cenan a las ocho.

Emilia Pardo Bazán, la Condesa Pardo Bazán, escribió una novelita corta, policíaca, que -es curioso porque además cumple todas las leyes policíacas del detective aficionado que sabe más que el policía profesional y todas estas cosas- se llama 'La gota de sangre', donde el personaje que se ha erigido en detective sin serlo, es un 'rendista', como se decía antes, que vive en un barrio de Salamanca no terminado de construir. Emilia Pardo Bazán escribió esta novelita en 1907 y la publicó definitivamente en libro en 1911. Entonces, cuando el policía, con ciertos celos, le exige a ese detective aficionado que de hecho está llevando el caso, que le cuente lo que hizo el día de autos y se lo cuenta desde por la mañana (cuando se levanta, cuando come…), pues este hombre come a las doce y media en su casa y cena en el club, o en el casino o en la sociedad, a las ocho de la noche. Ese libro se publica en 1911 y a nadie le extraña ni nadie se escandaliza, ni la Condesa es acusada de excentricidad por hacer que un personaje viva a esas horas. Pero no hay que irse tan lejos. Yo recuerdo personalmente que, en mi casa, mi padre salía de trabajar a la una y comía la una y media. Y en Barcelona todavía antes, se comía a la una. Esto antes de la Guerra Civil o inmediatamente después.

La razón de este cambio, de este retraso, que insisto es moderno, no es antiguo, ni mucho menos de toda la vida, está en que es una costumbre, o un pecado, o un defecto, o como queramos llamarlo, capitalino, o sea, se origina en Madrid. Se origina en Madrid cuando a finales del siglo XIX aparece el fenómeno de los 'cesantes'. La mayor parte de la población de la clase media madrileña eran funcionarios y, en las últimas décadas del siglo XIX, existía esa costumbre tremenda de que cuando se cambiaba el régimen, el Gobierno quiero decir, todos los que estaban trabajando con el Gobierno anterior cesaban (hay otra novela de Galdós que es una maravilla que se llama 'Miau', donde el jefe de la familia, que es el único que trabaja, es un 'cesante').

Los 'cesantes' eran un poco estigmatizados en la sociedad en el sentido de que, en primer lugar, se suponía que no tenían dinero y que iban dando 'sablazos', con lo cual ya la gente los miraba mal. En segundo lugar, se suponía que sus amigos no estaban en el Gobierno, con lo cual también gozaban de cierto desfavor público. Y entonces, las familias, como los que trabajaban -en ministerios u organismos del Estado similares- lo hacían hasta más tarde para no volver al trabajo por la tarde.

Entonces ¿qué ocurría? Que era de buen tono, y era una buena mentira si no era la verdad, decir "comemos tarde porque Pepe viene del Ministerio (o de la Dirección General)". Entonces esas familias, que socialmente estaban mucho más consideradas, comían tarde. De ahí se pasó a que el hecho de comer tarde implicaba una cierta categoría social y la gente comenzó a comer más tarde.

Para los que comían a la una había un término que era 'almorzar', porque ese es el término exacto en castellano. O sea, los personajes de nuestros clásicos almuerzan, no comen. Comen porque almuerzan, y comen porque cenan, pero a la hora, a la comida del mediodía, la llaman 'almuerzo'. Pero, entonces se considera que la palabra 'almuerzo' no es de clase alta, no digo de la clase aristocrática, sino de la clase burguesa alta. Y la gente sustituye el almorzar, que sonaba a comida campestre poco menos (los jornaleros almorzaban a las doce o doce y media, o a la una), por comida. Llega la Guerra Civil y entonces hay un movimiento por el cual, la gente elegante vuelve al término clásico de 'almuerzo'. Pero, claro, ahora se produce la circunstancia de que decimos, lo cual ya es absurdo y más surrealista, "es que en casa almorzamos a las tres".

Entonces, claro, eso es una especie de contradicción patética porque no se puede 'almorzar' a las tres según el diccionario, ni según nuestros clásicos. O se almuerza de doce a una o una y media o no se almuerza, se come. Esto, por muy absurdo que pueda parecer, arrastra al resto del país. Con cierta resistencia, porque insisto, yo vivía en Zaragoza y comíamos a la una y media, e incluso, a veces, antes. En Barcelona, incluso después de la Guerra Civil, y todavía ahora, se come antes que en Madrid. Se come a la una, a la una y media, etc. O sea, que esto es una influencia, como digo, capitalina y sobre todo moderna. Por lo tanto, no es una tradición que pese sobre nosotros como una losa y que nos cueste mucho quitarla de encima. Es que, simplemente, tendríamos que volver a "Riverita", que es una novela de 1.886, que en términos históricos es exactamente ayer.

Y la Condesa Pardo Bazán, como digo, escribe en 1.907. ¿Es tan difícil quitarnos esa tradición impuesta, ese pecado colectivo, esa costumbre perezosa? Pues yo creo que no pero, de hecho sí, porque está costando mucho. Nada más.

D. LORENZO RODRÍGUEZ DURÁNTEZ
Gerente del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
Moderador

Muchas gracias, José Luis. Es el turno de Pedro Duque.

D. PEDRO DUQUE
Astronauta, ‘Español Universal’ 2004
Invitado especial

Me ha interesado muchísimo esta exposición. De dónde viene todo esto. Es cierto que en ningún otro sitio existe. Yo he trabajado en muchos países y es completamente inexistente esta idea de utilizar el 80% del día antes de la comida y que todo el resto sea una especie de languidecer hasta que a uno le llega el momento en el que el jefe ya no le considera escaqueado por marcharse. No quiere decir que esté trabajando, claro.

Mi oficio, aparte de haberlo realizado en muchos países, es uno de los más relojeros que hay. El momento de lanzar el cohete ha de ser exacto y, por lo tanto, todo el mundo que se dedique a esto, incluidos los españoles, tiene, quizás, una idea completamente distinta del tiempo de la que se suele tener en otro tipo de oficios que tienen una mayor flexibilidad en los tiempos finales. Desde el punto de vista del que trabaja fuera, se ve España como una cosa distinta, una cosa difícil.

Yo he trabajado en Holanda, en Alemania, en Rusia, en EE.UU.….Desde Europa Central resulta una complicación hablar con Estados Unidos. Eso es normal. Por la mañana a uno se le ocurre que tiene que hablar con alguien y tiene que esperarse, esperarse y acordarse hasta la tarde. Eso es una cuestión de la geografía, no vamos a pedirles a ellos que se levanten cuando es de noche y se acuesten cuando es de día. Por ello, nos solemos organizar de una manera o de otra, y todo el mundo lo sabe. Con Rusia es mucho menor la diferencia, son nada más que dos horas de distancia y no hay problema mayor.

Sin embargo, estando en un organismo europeo, en Holanda, intentar comunicarse con la gente de España es casi tan difícil como con Estados Unidos. Lo normal es que uno llegue a las nueve de la mañana, o entre ocho y media y nueve, empiece a trabajar. Se abren los correos; se ven las notas que se ha dejado en la mesa del día anterior; se empieza a pensar qué es lo que se tiene que hacer; se va preparando lo que hay que hacer durante el día y bueno, pues llega una hora en la que uno empieza ya a saber a quién tiene que llamar. Lo normal es que a eso de las diez y media, las once o una cosa así, hayamos hecho ya la composición de lugar de qué cosas tenemos que organizar con gente externa.

A esa hora llamas a España, y están tomando café. Vale, no hay nadie, está sólo la secretaria, dejas una nota o lo que sea. En ese momento has cambiado de idea y te pones a trabajar en otras cosas. Empiezas a redactar documentos, lo que sea. Y lo normal es que se te haga la hora del almuerzo de allí, las doce y media de la mañana, que es cuando todo el mundo empieza a llamarte y tienes que ir a almorzar.

No es porque tengas que hacerlo, sino porque lo normal es que hay que hablar algo con alguien te llamen y digas "bueno, vamos a comer juntos, lo que sea, a la cantina". Vuelves corriendo y, en el momento que terminas de almorzar, llamas otra vez a esta persona de España, y te encuentras que es el momento en el que se ha ido a almorzar.

Y, tienes que esperar. Vuelves a tener otra serie de trabajos que tienes que hacer, lo que sea, y si no acierta uno en la ventana de lanzamiento (término que utilizamos nosotros en los cohetes), no puedes resolver los asuntos que querías tratar con las oficinas de España. Alguna gente comienza a marcharse a las cuatro y media y a las cinco y media todo el mundo se ha ido de nuestras organizaciones. Algunas personas, excepcionalmente, se quedan hasta las seis de la tarde, pero son muy pocas. Quiero decir que los momentos en los que se puede contactar con alguien de España son muy complicados y no se acierta fácilmente.

Y eso tiene dos consecuencias, una relativa a la otra. La primera consecuencia es que a la gente le resulta difícil contactar con gente que esté en España y, por lo tanto, se crea un sentimiento de desinterés con la coordinación en España: "Ya se apañarán ellos, ya nos mandarán un fax". Y así pasa, cuando se trata de elegir desde un organismo internacional, desde una gran empresa que tiene subcontratistas en diferentes sitios, quiénes van a ser las personas con las que van a coordinar un trabajo complicado, difícil y de alta eficiencia y rendimiento, se tiende a no elegir a empresas u organismos españoles, puesto que se sabe que la coordinación va a ser complicada.

Así que, desde mi experiencia, hago un llamamiento para que la gente procure cambiar sus horarios desde ese punto de vista. Y ya simplemente, como dato anecdótico, cabe decir que durante la preparación de los astronautas en Rusia, a las seis de la tarde se cierra, a cal y canto, el centro de preparación. Y por mucho que el cohete vaya a salir dentro de dos semanas, por mucho que las simulaciones tengan que retrasarse al día siguiente,... a las seis de la tarde se va todo el mundo a casa y vuelve a las nueve del día siguiente.

Eso, por supuesto, viene de 30 años de experiencia en la aplicación de criterios científicos a la distribución del tiempo de las personas, que hace que los rusos utilicen con cierta frecuencia uno de sus refranes, que quizá exista también en español (porque en español hay libros y libros de refranes) que dice: "quien mucho trabaja y quien utiliza efectivamente el tiempo, mucho debe descansar".

D. LORENZO RODRÍGUEZ DURÁNTEZ
Gerente del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
Moderador

Naturalmente son experiencias que ilustran, que iluminan, y sobre todo que transforman, para muchos de nosotros a la hora de valorar estas cuestiones, la que ha expuesto Pedro Duque. Don Claro.

D. CLARO FERNÁNDEZ-CARNICERO
Letrado de las Cortes. Presidente de la Fundación Tomás Moro
Invitado especial

Mi perspectiva es la de quien mira hoy a nuestra sociedad, es decir a lo que somos y a lo que hacemos, y descubre una hiperactividad aparente, que a veces encubre un aturdimiento, personal y colectivo, que a mi juicio es consecuencia de estar todos sujetos, en mayor o menor medida, a la tiranía del tiempo real, simbolizado en el teléfono móvil; una tiranía que se nutre de la confusión de velocidad y eficacia y que rebaja nuestros actos y nuestras conductas a la superficialidad de la imagen y a la exaltación de lo epidérmico. Imagen y epidermis configuran ese sucedáneo patológico que es la llamada realidad virtual, esa ‘ilusión’ que nos aparta de la realidad real, es decir de la vida.

Parece evidente que nos falta sosiego e interioridad y nos sobra movimiento. Les propongo un ejercicio de humildad, en el reconocimiento de alternativas, aunque alguna les parezca extravagante.

Si nos fijamos en una cultura monástica como la benedictina, acción y contemplación, trabajo y ocio, van siempre juntos. La principal pauta de conducta no es otra que la de ora et labora. En el claustro, como ocurre hoy en Silos, la contemplación tiene mucho de ocio fructífero y nada de ociosidad, que como saben es un vicio en el que el escaso tiempo de que dispone cada uno se vacía de sentido y acaba corrompiéndonos.

Precisamente en la regla de San Benito, allá por la primera mitad del siglo VI, se nos dice que "la ociosidad es enemiga del alma, y por esto, durante un tiempo los monjes deben ocuparse en el trabajo manual y durante otro tiempo en la lectura".

Obviamente, el ocio no es la pura indolencia, algo que Paul Lafargue, el yerno de Marx, reivindicaría en el siglo XIX como derecho a la pereza, quizá porque asociaba el estereotipo del holgazán a la felicidad. La experiencia nos demuestra que no es agradable ‘matar el tiempo’, como suele decirse, sin hacer nada, al menos yo no creo en el ‘dolce farniente’. El ocio, desde la Grecia clásica, supone un ejercicio de libertad en la reflexión y en la gratuidad generosa, en el encuentro con los demás y en la soledad consigo mismo. Gratuidad, por ejemplo, para disfrutar de la poesía, de la música, del colorido y la luz de un paisaje o de la belleza y el impacto deslumbrante de cualquier obra de arte.

Frente a utopías ya caducas, como la comunista, que fueron víctima de la obsesión arbitrista por cambiar el mundo, yo he creído siempre en el valor del esfuerzo personal por disfrutar, hasta donde sea posible de lo que la naturaleza nos ofrece. No sé si esto se debe a mi afición personal por la geografía y el paisaje, que cambien lentamente, o a una actitud positiva que lleva a valorar y descubrir el placer en lo que la vida tiene de bueno; algo que San Francisco de Asís entendió muy bien, al reconocerse criatura.

Hablar de trabajo y tiempo de ocio supone hablar del esfuerzo por entender que reflexión y acción deben ir juntos, precisamente para que la acción alcance su plena eficacia y no se quede en la apariencia. Esto lo entienden bien, por ejemplo, quienes saben que la investigación es el único motor del auténtico desarrollo no dependiente, es decir el que no se confunde con el mero crecimiento.

El ocio no puede confundirse tampoco con la cultura de una clase privilegiada, como aquél singular sociólogo americano Thorstein Veblen a finales del siglo XIX, en su ensayo sobre ‘La clase ociosa’, nos describió, al darnos una visión dualista de la sociedad en donde se contraponen la economía industrial productiva, en manos de personas diligentes, y el consumo de unas élites ociosas, titulares de rentas más o menos consolidadas.

Necesitamos un binomio equilibrado de ocio y trabajo, asentado en ciudadanos responsables que piensan, crean y producen. Sólo desde ese binomio podemos acercarnos al concepto de ‘calidad de vida’ que, obviamente, no se limita al medio ambiente físico (art. 45.2 CE) y, que tampoco puede ignorar el valor moral que en sí misma tiene la vida, aun sin calidad, como bien o valor primario.

Además, en nuestra cultura social, decir calidad de vida es decir calidad de cultura democrática, asentada en una sociedad civil vertebrada y activa. Una sociedad en la que los ciudadanos, con criterios propios y no prestados, con un ritmo de vida flexible, que nos evite caer en la obsesión de la uniformidad del falansterio, seamos capaces de llevar a cabo la elección de nuestros mejores representantes; aunque esta sea una proposición que me limito a enunciar con la reserva de que hoy, en muchas comunidades políticas, entre ellas España, la diversidad de identidades pesa más que la definición de proyectos compartidos.

Por eso, no nos bastan las instituciones públicas comunes, unas instituciones hoy desbordadas o desnaturalizadas por particularismos inasumibles; por eso es necesaria una sociedad civil organizada, asentada en el trabajo y en el ocio fructíferos, que evite el monopolio por los partidos políticos de la participación pública y que aporte estabilidad y consistencia a nuestro modelo de convivencia democrática.

Para ir organizando poco a poco esa sociedad civil que nos falta, tenemos que ser conscientes, en primer lugar, de que el actual sistema educativo y de enseñanza no tiene la suficiente calidad para incorporar a la vida social ese binomio trabajo-ocio, y sin una educación de calidad no hay calidad de vida. Quizá lo que nos falta sea el maridaje fecundo de la ciencia y de las humanidades, verdadero eje de todo progreso social.

La educación nos obliga a considerar también la importancia de las políticas de recursos humanos o de personal, importantes tanto en la empresa privada como en la Administración Pública. Necesitamos desarrollar programas que ayuden a que cada persona encuentre su sitio. Lewis Carroll, en ‘Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas’ escribe: "Si cada cual se ocupara de lo suyo, exclamó la Duquesa, con un sordo gruñido, el mundo daría sus vueltas más aprisa".

Ocuparse cada uno de lo suyo es la premisa ineludible para encontrar sentido a nuestro trabajo y también a nuestro ocio, para que éste llegue a ser como decía Cicerón un otium cum dignitate, es decir a la altura de nuestra dignidad como personas. Termino evocando el momento de mayor esplendor del Humanismo, que sobre todo fue un tiempo de creación y de ocio creativo, con nombres del siglo XVI como Erasmo, Vives o Tomás Moro; este último en su Utopía defendió el equilibrio entre trabajo, con una jornada laboral de seis horas, y vida familiar a la que vincula un ocio fecundo ocupado por los estudios humanísticos, la cultura de la música o el placer de la conversación. Creo que en esta síntesis de trabajo y encuentro familiar se entiende muy bien la relación causal entre el binomio trabajo y ocio y la calidad de vida, que no es más que el corolario natural de ese binomio.

Una vez más, y mal que les pese a los realistas acríticos, la utopía es el espejo que nos descubre nuestras carencias y nuestros fracasos.

COLOQUIO

D. LORENZO RODRÍGUEZ DURÁNTEZ
Gerente del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
Moderador

Poco a poco y progresivamente se ha rematado la Mesa. Una presentación enormemente sugestiva del tema. Presentación consecutiva. Y ahora llega el momento del debate. Tenemos diez minutos. Tal vez podemos colocar dos o tres minutos más porque no siempre hay que buscar la matrícula de honor en las cosas que se hacen pero queda abierta la posibilidad del intercambio de planteamientos y de preguntas o a la Mesa o directamente a algunos de los ponentes e invitados. Sí, Mayte Ruiz de la Parte, por favor…

DÑA. MAYTE RUIZ DE LA PARTE
Vicepresidenta de CEOMA

Tengo dos profesiones muy claras: una es el mundo de la empresa, que me lleva a viajar por el mundo, y he sufrido lo que nos decía Pedro Duque de la dificultad de los horarios en la conexión con España; y también soy docente. En este momento no la practico, después de 16 años de haberlo hecho, pero es lo que verdaderamente siento y lo que me ha hecho crecer como ser humano.

Me ha parecido muy interesante reflexionar lo que nos ha dicho Pedro Duque referido a la elasticidad y flexibilidad, tan importante en las empresas, y porque cada una tiene su propia personalidad y necesidades, como también nos ha dicho Carlos Sánchez-Reyes. Lo que realmente pienso es que hay algo que es esencial para dar ese empujón que necesitan los planteamientos de unos horarios más lógicos, y es el niño.

Señores, el niño es lo más importante que tenemos, es el capital del futuro. El futuro que pasa por la juventud, pero primero pasa por la infancia. Entonces, el tiempo que perdamos de estar con él es un tiempo irrecuperable, porque el niño no va a volver a tener seis ni cinco ni nueve años. Ese niño nos exige que adaptemos todo, incluido nuestros horarios laborales, a sus posibilidades, a ese tiempo que está en casa. Cuando estemos con el niño hay que olvidarse del reloj.

Habrá días que el niño necesite cinco horas de estar a tu lado y otros días que con media hora sea suficiente. Acompañémosle a ver la televisión. No hay que decirle al niño: "no veas tanta tele”; puede verla, pero en muchos momentos acompañarle y orientarle; teniendo a mano el volumen para bajar y subirle si aparece un diálogo interesante.

También se ha estado hablando de la televisión ‘basura’ respecto al niño y Guri nos ha hecho una exposición espléndida. Creo que el niño está bien atendido en los medios de comunicación. El adolescente, no. A éste se le da mayoritariamente violencia. Habrían de pensar los programadores de las televisiones que en sus manos quedará el futuro. Creo que la atención al niño y al adolescente es más que suficiente en emitir espacios interesantes para ese momento de la vida tan esencial que es la adolescencia, ya que hay suficiente motivo para que cambiásemos todo lo cambiable, especialmente los horarios laborales. Teniendo siempre en cuenta que la calidad es más importante que la cantidad. Muchas gracias.

D. ELOY YBÁÑEZ BUENO
Embajador de España

En todas las cosas que se han dicho hay cantidad de sugerencias. A mí me gusta tratar de ser muy práctico. Y hay un punto hoy, aquí, que es interesante, pienso, señalar, porque no apareció, por ejemplo, ayer, ni ha estado tan claro otras veces que hemos hecho estos actos: Este punto es: Hoy, aquí, todos estamos de acuerdo en señalar a dónde hay que ir.

Por lo tanto, lo que tenemos que encontrar es cómo ir. Y creo que en lo que se ha dicho hay bastantes experiencias que pueden sernos útiles para determinar cómo ir a donde todos, hoy, aquí, estamos de acuerdo en querer ir.

Alejandro, por ejemplo, nos dijo que cuando las empresas periodísticas empezaron a competir -cosa que en aquel momento parece que no se fomentaba mucho- rápidamente acudieron al Estado para que impidiera esta competición, diciendo: "antes de las dos no se puede vender un periódico vespertino". Valió para lo que suele valer lo que hace el Estado cuando pretende abarcar demasiado: para nada. Desaparecieron los periódicos vespertinos.

Sin embargo, las empresas de comunicación, Televisión Española, por ejemplo, siguen en esa época. Y ponen los horarios que les da la gana. Yo ayer hubiera querido ver a Tatí, pero no estaba dispuesto, a cambio, a acostarme a las dos de la noche. Entonces, por lo tanto, hay que cambiar, no hay que siempre pedirle cosas al Estado, si no que nosotros somos los que tenemos que cambiar, obligando a esas empresas, que, si no atienden a sus clientes, ya no tendrán rendimiento. La propia TVE, que desprecia, y las otras, de este modo al cliente, está en una gravísima crisis económica, y se puede hacer lo que hice yo ayer: no poner la televisión y quedarme sin Tatí. No dimitir.

Cuando hablaba el sociólogo sobre la televisión, pensé que, en realidad, lo que algunos padres hacen es lo que se contaba, como chiste macabro, de algunas muchachas de antes, que dormían al niño pasándole por el gas. Bueno, les pasan por la televisión, porque no todos tienen gas. Entonces en el fondo lo que hay ahí es una dimisión. Obligada. Porque a los padres -antes sólo al padre, ahora al padre y a la madre- les han convertido en un elemento de trabajo, sin olvidar que para eso ya hemos inventado las máquinas. Entonces, no dimitamos.

Carlos representa precisamente a los consumidores y usuarios, que tienen esa enorme fuerza que él ha señalado: poder obligar a las empresas a que presten servicio, a que cuenten con nosotros, porque, si no, no tendrán éxito y, si no, no tendrán remuneración.

Borau nos ha traído el gran ejemplo que siempre se maneja cuando se pretende cambiar para mejor: Ayer mismo había personas aquí que mantenían que no se pueden cambiar los horarios, porque es ir contra la tradición, que los españoles somos diferentes. ¿Pero es que los españoles de antes de la implantación de los actuales horarios no eran españoles? o ¿no eran diferentes? Tampoco podíamos tener un régimen democrático, eso era para los anglosajones. Lo tenemos.

Y Duque nos ha dicho una cosa muy importante: podemos seguir siendo divertidos, simpáticos,…, diferentes. No contarán con nosotros. Más que, eso sí, como país para que ellos vengan a descansar. Incluso si tenemos éxito en el turismo cultural nos convertiremos en un, no sólo un sitio de playa, si no en un espléndido parque temático.

Y la raíz está en que cada uno de nosotros insistamos en que lo que queremos ser no es elementos de una cadena de trabajo, si no, como ha dicho Claro, personas. Que fundamentalmente tenemos que disfrutar. Es una cosa que en España siempre se ha visto muy mal.

Tenemos que disfrutar, y, para disfrutar, impongámonos y hagamos que esta idea se imponga a la sociedad española y no -como ayer, y esta mañana, nos ha vuelto a recordar Güemes- esperemos que nos lo haga el Estado, si no que demostremos a los políticos que, si van por otro camino, les elegirán en algún otro país, pero no en éste.

D. LORENZO RODRÍGUEZ DURÁNTEZ
Gerente del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
Moderador

Sí, Manolo por favor. Muy breve por favor…

D. MANUEL OCAÑA LOSA
Ingeniero Aeronáutico. Funcionario

Una muy breve reflexión: Avergonzado porque realmente yo tenía que saber lo que voy a preguntar desde hace dos años y no lo sé. Yo creo que nos estamos haciendo un lío con los horarios en el sentido de que la hora taurina de toda la vida, la de los poetas, es las cinco de la tarde. Ahora son las siete. Pero es que las siete es una hora estatal, oficial, ya que las siete oficiales son las cinco astronómicamente hablando. Por ello, es posible creer que a pesar de los intentos políticos de cambiarnos los horarios nosotros seguimos empeñados en que los toros son a las cinco de la tarde y la comida es a la una porque la comida de las tres es realmente a la una astronómica.

D. LORENZO RODRÍGUEZ DURÁNTEZ
Gerente del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
Moderador

¿Hay alguna petición de palabra por vuestra parte? ¿Alguno de los miembros de la Mesa, en las distintas terrazas de la Mesa quiere tener una intervención?

D. CARLOS SÁNCHEZ-REYES
Presidente de la OCU
Ponente

Únicamente y enlazando con lo que nos decía Borau sobre los horarios, lo que nos acaba de decir ahora Manuel Ocaña. Efectiva-mente yo creo que el por qué los españoles terminamos siendo unos bichos raros con relación con nuestros vecinos yo creo que está marcado por dos factores. Es decir, uno es lo que nos ha estado contando Borau sobre ese proceso de lo que da un reflejo de Madrid sobre el resto de España.

Yo añadiría a ese factor que después de la guerra el fenómeno que también se produjo, el otro día lo subrayaba, de cómo las dificultades derivadas de aquellos años muy difíciles, y después el desarrollo, exigió a mucha gente el tema de trabajar en dos, tres, cuatro sitios y ese tipo de planteamientos de horarios laborales que tenían que seguir uno detrás de otro es el que ha hecho también el cambiar todos los horarios, el que la gente al final trabaje muchas horas o al menos esté muchas horas en muchos sitios. Yo creo que ese es por un lado un factor que, en unas condiciones distintas a las de los años 40 o los años 50 deberíamos ya de replantearnos, y el otro es el que estaba diciendo Manuel Ocaña.

Es decir, el cambio de la hora solar por una hora oficial se produce en el año 40 también, y es a partir de ahí. No solamente es una hora de desfase si no que son dos. Parecería evidentemente más lógico que los horarios españoles y eso al final es lo que estamos haciendo coincidiesen con el horario de otros europeos como los portugueses, como los ingleses o como los irlandeses, y desde luego con nuestras Islas Canarias. Sería más lógico que tuviéramos ese horario que no el horario de Berlín.

Entonces hace que nuestros niños teóricamente se tengan que acostar cuando hace sol y claro no le puedes decir a un niño a las diez de la noche en verano que son las diez de la noche. Pues no. El niño se termina de acostar entonces a las once, que evidentemente dices: "pues no es una hora muy racional de que los niños se acuesten a las once. Es que son las nueve". Efectivamente este es un factor que tenemos que tener en cuenta. Algunos sí defendemos que habría que replantearse si la hora de España tiene que ser necesariamente la hora de Berlín o más bien debería ser la hora de Londres, que es realmente el meridiano que pasa por mitad de nuestro país.

D. LORENZO RODRÍGUEZ DURÁNTEZ
Gerente del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
Moderador

Gracias. Claro Fernández-Carnicero, tienes un minuto.

D. CLARO FERNÁNDEZ-CARNICERO
Presidente de la Fundación Tomás Moro
Ponente

Para aludir a uno de los que Lucas Mallada llamaría males de la patria, que es el arbitrismo, es decir la tentación de las soluciones simplistas, más que simples, a problemas complejos. El problema de tiempo y ocio no es un problema de horarios comerciales, por decirlo de alguna manera.

Es un problema en primer lugar de tener conciencia de lo que significa aprovechar el tiempo y disfrutar del tiempo, en trabajo y en ocio. Y eso no se resuelve ni unificando horarios, ni dando uniformidad a la hora europea por razones de aprovechamiento de energía, lo que nos han vendido, porque todos esos son esquemas simplistas, esquemas arbitristas.

Yo creo que lo interesante de este encuentro es que abre un debate sobre qué estamos haciendo con nuestro tiempo, con nuestro tiempo de ocio y de trabajo y como consecuencia de este debate yo invitaría a lo que podíamos llamar soluciones flexibles y hasta complejas a problemas o perspectivas que son muy distintas.

Porque insisto, el arbitrismo nos ha hecho, en la historia económica y en la historia política, mucho daño. Entonces no caigamos en la ilusión de que una solución uniforme, simple, va a solucionar el problema.

D. LORENZO RODRÍGUEZ DURÁNTEZ
Gerente del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
Moderador

Gracias. Muy breve, por favor. Un minuto.

DÑA. BEATRIZ NAVARRO
Periodista

Sí. Voy a ser muy breve. Me ha parecido interesantísimo todo lo que he escuchado aquí. Solamente quería añadir una perspectiva puramente femenina. Porque se ha hablado mucho de niños, se ha hablado mucho de horarios, se ha hablado de varias cosas. Yo soy una mujer que lleva treinta años trabajando, tengo tres hijos y entonces veo que hay muchísimas dificultades. Si se nos dice que los niños están solos y que es un problema y que ven mucha televisión, bien, vayamos a la raíz. ¿Quién les puede cuidar? ¿Puede verdaderamente su madre o su padre salir a las cinco de la tarde? Yo abogo por una cosa que se acaba de decir también pero me gustaría remarcarla.

Lo que necesitamos es mucha flexibilidad porque si hay flexibilidad en los horarios cada cual puede adaptarse a las necesidades. Y una mujer, si un día cualquiera necesita llevar a su hijo al médico -porque desengañémonos, le toca a la mujer, no al hombre- para que en su empresa no la culpen de que pierde de ir a trabajar, y no la quieran contratar luego, pues sería mejor que si en lugar de entrar a las ocho puede entrar a las diez o en lugar de a las diez puede entrar a las doce y luego quedarse dos horas más, a lo mejor así lo puede resolver. Eso es flexibilidad.

Y respecto al otro tema. Se ha hablado de los horarios comerciales. Me parece también una cosa muy interesante. Yo no creo que es cuestión de que decretemos horarios para una cosa o para otra. Creo que es conjugar que si las mujeres, y repito, hablo desde perspectiva femenina totalmente, si las mujeres tenemos unos servicios abiertos a los cuales acudir en los días que no tenemos que ir a trabajar nosotros podremos resolver muy bien nuestros problemas familiares sin necesidad de dejar de ir a nuestra empresa porque finalmente es una realidad que yo estoy viendo con amigas, compañeras, jóvenes, el problema que tienen cuando tienen hijos pequeños y yo también lo he sufrido es que finalmente todo el mundo está pendiente de que tú un día llevas al niño al pediatra, de que tú un día tienes que ir a hablar con su profesora.

No están pendientes de que tu compañero varón a lo mejor falta mucho tiempo, a lo mejor se va antes para ir al fútbol y eso es plenamente aceptado en las empresas. En fin, no quiero seguir. Insisto, necesitamos flexibilidad en los horarios y necesitamos también que los servicios, por ejemplo ir a renovar mi carnet de conducir, o el D.N.I., o ir a comprar un mueble para la familia o los zapatos para mi hijo que yo lo pueda hacer cuando yo decida, cuando yo tenga tiempo y que eso pueda ser en domingo. Muchas gracias.

D. LORENZO RODRÍGUEZ DURÁNTEZ
Gerente del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
Moderador

Muchas gracias. Con los cinco minutos de desajuste previsto terminamos esta Mesa. Previamente quiero agradecer a los compañeros que han estado en la Mesa por el honor que me han ofrecido de estar coordinándola. El debate continúa dentro de diez minutos previa pausa al café. Muchas gracias.

Foto de familia de los participantes en la Mesa redonda “Trabajo, tiempo de ocio y calidad de vida”. Con ellos, el Presidente de la Fundación Independiente


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