Quedan pocos restos del horario tradicional que fijaba ocho horas para dormir, otras ocho para trabajar y el resto para el resto de las actividades diarias. La regla de "los tres ochos" se rompe porque el horario es muy variado según las personas y sus circunstancias vitales. Es decir, no hay un horario modal claro. Pero se rompe fundamentalmente porque muchas personas continúan con la inercia de acostarse tarde, pero muchas también se levantan temprano. El resultado es que los españoles duermen pocas horas. Se comprende la tentación de recuperar el escaso sueño nocturno a través de la ocasional siesta. Nuestros datos revelan que el grueso de los españoles ("domésticos activos") no llegan a las siete horas de sueño nocturno. Concretamente, el 13% sufre trastornos de sueño y el 29% se mantiene en torno a las seis horas. Solo el 15% duerme ocho o más horas. Hay pocas diferencias por sexo y edad. La actividad influye un poco más. Parece ser que las amas de casa son las que duermen menos horas, pero los trastornos de sueño aquejan más a los estudiantes-profesionales (22%). Aunque estemos ante una minoría, debe recordarse que en la población entrevistada los trastornos del sueño suelen aparecer naturalmente en las personas jubiladas. Si se registran antes es que el ritmo de vida se ve forzado por el estrés que supone la confluencia de demandas u obligaciones (tabla 1.1)
Los datos aquí consignados sobre la organización del tiempo cotidiano se refieren siempre a los días laborables. Otra cosa sería el horario de los fines de semana, los días de fiesta o de vacaciones, en los que tiene lugar un considerable retraso. El uso social aceptado considera que la forma más lógica de descansar es, paradójicamente, acostarse más tarde e incluso trasnochar, para luego levantarse más tarde. En la sociedad rural tradicional no era muy diferente el horario habitual de los días de trabajo y los de fiesta. "Los animales comen todos los días", solían decir los campesinos. En cambio, en la sociedad urbana difiere cada vez más el horario de entre semana y el de los días festivos.
Es muy posible que a lo largo de los últimos decenios haya menguado el número de horas de sueño. Una investigación de 1970 comprobaba que el grueso de los adultos dormía ocho horas como mínimo. Todavía en 1991 las ocho horas suponía la moda estadística del conjunto de los adultos, si bien en el caso de los activos de 30 a 50 años el 54% dormía menos de ocho horas. (Véase A. de Miguel, La sociedad española, 1992-1993, Madrid: Alianza, 1992, p. 341). Como queda visto, en la población actual (los "domésticos activos") las ocho horas de sueño empiezan a ser más bien una rareza.
| Tabla 1.1 (2002) | Horas de sueño nocturno (días laborables) por actividad, sexo y edad | ||||
| Base:"españoles domésticos activos" | % horas de sueño nocturno | ||||
| % horizontales | sufre trastornos de sueño | en torno a seis o menos | siete | ocho o nueve | sin información |
| Actividad ocupados |
10 11 22 |
29 33 22 |
25 26 27 |
19 9 10 |
17 20 19 |
| Sexo varones |
13 12 |
28 30 |
24 28 |
16 13 |
19 7 |
| Edad 40 ó menos |
18 7 13 |
22 33 31 |
31 27 22 |
14 15 16 |
16 20 18 |
| Total | 13 | 29 | 26 | 15 | 18 |
Si no hay un tiempo modal de sueño nocturno tampoco lo hay para la duración de la comida de mediodía ("sin contar ocasiones excepcionales", se insiste en la pregunta). Desde luego, el grupo más numeroso es el que hace una comida rápida, un cuarto de hora o menos (42%). Le sigue el grupo de los que dedican alrededor de una hora (22%). Tampoco encontramos grandes diferencias según la actividad, el sexo o la edad. La conclusión es que se ha generalizado bastante la comida rápida, en el sentido literal de emplear poco tiempo en la comida del mediodía. Por este lado bien se puede decir que se van incorporando los hábitos de los otros países europeos. La tradicional comida sosegada, en casa o en el restaurante, corresponde a ciertos estratos sociales y se aplica más a la cena o a los fines de semana, aparte de las celebraciones. Puede resultar curioso el dato de que los estudiantes-profesionales (recuérdese mayores de 25 años) son los que dedican algo más de tiempo al almuerzo del mediodía. El 36% de los estudiantes-profesionales emplean una hora o más en el rito de la comida de mediodía. Debemos suponer que los españoles activos "no domésticos" (los que no están en su casa por la tarde) realizan comidas más "lentas". Las comidas en el lugar del trabajo o bien en casa, cuando no está toda la familia llevan a la fórmula "rápida". Lo más socorrido es el bocadillo o el plato único para seguir la televisión (tabla 1.2).
| Tabla 1.2 (2002) | Tiempo que dedica a la comida del mediodía (días laborables)por actividad, sexo y edad | |||||
| Base:"españoles domésticos activos" | % franja temporal más aproximada | |||||
| % horizontales | menos de un cuarto de hora | un cuarto de hora | media hora | una hora | dos horas | sin información precisa |
| Actividad ocupados |
10 9 12 |
31 33 32 |
11 16 10 |
21 14 33 |
3 5 4 |
20 18 6 |
| Sexo varones |
10 11 |
32 31 |
11 14 |
23 19 |
3 5 |
18 17 |
| Edad 40 ó menos |
11 13 9 |
36 27 32 |
12 13 12 |
27 25 17 |
4 5 4 |
8 16 23 |
| Total | 10 | 32 | 12 | 22 | 4 | 20 |
Los datos referentes a la hora de levantarse revelan que los españoles "domésticos activos" son grandes madrugadores. Por este lado también nos acercamos a la situación europea. Seis de cada diez se levantan alrededor de las 6 de la mañana. Es el tipo de personas que componen el "nivel amarillo" de las entradas a las grandes ciudades a partir de las siete de la mañana. Las amas de casa son las más madrugadoras, puesto que son las que dirigen los movimientos de los demás. Los estudiantes-profesionales son los menos madrugadores: el grueso se levanta entre las 6:30 y las 8:00. En general, las mujeres y las personas de edad mediana (41-50 años) son las que madrugan más. Puede sorprender que los ocupados madruguen tanto, pero recordemos que nos referimos al grupo de ocupados que suelen estar en casa por las tardes. Luego lo normal es que esos ocupados entren pronto a trabajar y con frecuencia en jornada continua. Un dato adicional es que en las grandes ciudades se tarda bastante en los desplazamientos hasta el lugar de trabajo. Ese tiempo es una consecuencia de la alta proporción de viviendas en propiedad (más del 80%), lo que dificulta la movilidad residencial (tabla 1.3).
Es posible que la tendencia sea a levantarse cada vez más temprano, como consecuencia de la introducción de la jornada continua y del tiempo que supone el transporte urbano. En una encuesta nacional, realizada en 1991, el 30% de los entrevistados se levantaban a las siete de la mañana o antes durante los días laborables. La proporción sube al 40% cuando se trata de los varones activos. (Véase A. de Miguel, La sociedad española, 1992-1993, Madrid: Alianza, 1992, p. 332). Aunque la comparación no pueda ser muy estricta entre las dos muestras, se puede concluir que la tendencia es a madrugar cada vez más.
Los datos de una encuesta nacional levantada en 1992 confirman que las personas que veían pocas horas de televisión eran las más madrugadoras. Por ejemplo, en el caso de las personas de 45 a 64 años el 68% de las que veían diariamente menos de dos horas de televisión se levantaban antes de las ocho. La proporción bajaba al 26% para los que dedicaban más de cuatro horas diarias a la televisión (Véase A. de Miguel, La sociedad española, 1993-1994, Madrid: Alianza, 1993, p. 411).
Una confirmación indirecta de la presión social para madrugar la tenemos en el dato de la proporción de españoles que se despiertan con despertador. El dato procede de una encuesta nacional levantada en 1993. El 52% de la población entrevistada se despierta habitualmente con despertador. La proporción llega al 69% en el caso de los que tienen menos de 45 años y al 75% en el de los estudiantes. (Véase A. de Miguel, La sociedad española, 1994-1995, Madrid: Alianza, 1994, p. 446).
Volvamos a los datos de nuestra encuesta. Los grandes madrugadores son los asalariados del sector privado (76% se levantan alrededor de las seis) y los que tienen una cierta responsabilidad laboral (67%). En cambio, los que retrasan considerablemente la hora de levantarse son los cargos directivos. Se sospecha que esa resistencia a madrugar de las posiciones directivas no es tanto por pereza como por el hecho de que retrasen todo el ritmo circadiano. Es característico el hecho del jefe que llega tarde a la oficina pero que se queda en ella por la tarde mucho después de que se hayan ido los empleados.
| Tabla 1.3 (2002) | A qué hora suelen levantarse (días laborables), por actividad, sexo y edad | ||||
| Base:"españoles domésticos activos" | % hora de levantarse (la más cercana) | ||||
| % horizontales | alrededor de las 6:00 | de 6:30 a 7:00 | de 7:30 a 8:00 | más de las 8:00 | variable o sin información |
| Actividad ocupados |
64 68 45 |
2 8 12 |
16 4 34 |
12 14 7 |
5 6 3 |
| Sexo varones |
59 67 |
6 6 |
20 10 |
11 13 |
4 5 |
| Edad 40 ó menos |
52 71 62 |
8 4 6 |
25 11 14 |
12 14 11 |
4 4 5 |
| Total | 62 | 6 | 16 | 12 | 6 |
Si los españoles "domésticos activos" son madrugadores y realizan solo una "comida rápida", no extrañará que cenen pronto. También por ese lado hay una aproximación a la pauta europea. De todas formas, encontramos aquí más dispersión. La clave está seguramente en que haya niños en casa. Algo más de la mitad de los entrevistados cenan alrededor de las 8:00. Esa proporción sube en el grupo de edad intermedio, en las mujeres y en los ocupados. La dispersión asegura que todavía haya una cuarta parte de los entrevistados que cenan más allá de las 9:30, es decir, coincidiendo con los programas nocturnos de la radio o la televisión. Si tenemos en cuenta las pocas horas de sueño, lo más probable es que esa audiencia de la radio o la televisión se prolongue algunas horas después de cenar. De hecho, ahí se sitúan los programas de máxima audiencia. En la radio destacan los programas de máxima audiencia deportiva a las 12 de la noche, lo que parece incompatible con la necesidad de dormir cerca de ocho horas. Ese es un resto del horario retrasado que corresponde a la situación tradicional. Es posible que en muchos hogares haya un doble turno de cena. El primero entre 8 y 9 coincide con la presencia de niños y el segundo entre 9 y 10 cuando los ocupados trabajan por la tarde. Aunque la jornada laboral partida se alargue hasta las 8 de la tarde, es corriente que a esa hora tengan lugar muchos "eventos" de la vida cultural (conferencias, exposiciones, presentaciones). Ahí es donde cabe encontrar el sector de población con horario retrasado que difícilmente puede aparecer en nuestra encuesta (tabla 1.4).
Desde luego, los datos de nuestra encuesta prueban que la hora de cenar adelantada caracteriza especialmente a los asalariados privados y a los que tienen puestos de cierta responsabilidad. En cambio, esa pauta de cenar pronto es muy rara en el caso de los cargos directivos, de acuerdo con la sospecha que antes expresábamos. Recordemos que estamos hablando de unos cargos directivos un tanto atípicos, pues están en sus domicilios a horas vespertinas.
| Tabla 1.4 (2002) | A qué hora suelen cenar (días laborables), por actividad, sexo y edad | |||
| Base: "españoles domésticos activos" | % hora de cenar (la más cercana) | |||
| % horizontales | alrededor de las 8:00 | de 8:30 a 9:00 | de 9:30 a 10:00 | después de las 10:00 |
| Actividad ocupados |
57 46 50 |
10 20 18 |
12 6 13 |
13 16 8 |
| Sexo varones |
50 57 |
13 14 |
15 5 |
12 14 |
| Edad 40 ó menos |
49 66 47 |
16 10 14 |
13 7 12 |
14 13 12 |
| Total | 53 | 13 | 12 | 13 |
Aunque nos referimos a la convergencia con el horario europeo en una parte de la población, debe anotarse que aún estamos lejos de la jornada continua como norma. Tampoco es un uso establecido almorzar de 12 a 1 y cenar de 6 a 7 como es costumbre en muchos países avanzados. Era también el uso en la España rural de hace un siglo. La diferencia la marca el prime time de la televisión, que puede ser de 6 a 9 de la tarde en algunos países de economía avanzada. En España el prime time se retrasa bastante, de 8 a 11 por lo menos, lo que significa entrar plenamente en la noche durante la mayor parte del año. La conclusión es que ha sido más fácil la adaptación al "mismo euro" que al "mismo horario". Es comprensible, puesto que en la moneda predomina su significación instrumental, mientras que el horario está penetrado de tradiciones y usos culturales.
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