De los trabajos encargados por la Fundación, comenzaremos por el análisis y conclusiones del primero. El dirigido a los horarios habituales de los españoles a últimos del siglo XIX y principios del XX.
1. Objetivo, metodología y fuentes
El objetivo de esta investigación ha sido tratar de confirmar la siguiente hipótesis: durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, el horario de comidas de la población española se ajustaba en mayor medida a las pautas europeas (desayuno, almuerzo y cena a horas tempranas).
La metodología apropiada para la obtención de los datos documentales necesarios para el estudio se ha basado, fundamentalmente, en un trabajo de campo hemerográfico (Hemeroteca Municipal de Madrid) y en el análisis de cuantas investigaciones científicas relevantes sobre el tema se han podido consultar. Las fuentes de la investigación han sido diarios y periódicos españoles destacados en el período de análisis (de 1890 a 1940): El Heraldo de Madrid, La Época, El Liberal, El Sol, El Debate y ABC. Al mismo tiempo, se han extraído elementos de juicio significativos o referencias de interés de trabajos especializados, tanto de historiadores como de sociólogos.
2. Horarios de las comidas en España (1890-1930)
El sociólogo Amando de Miguel afirma en La España de nuestros abuelos que la transición española de un horario adelantado propio de los países industriales al actual "podría ser la de los años treinta, en los que ya se empezaba a trasnochar, a retrasar el ritmo cotidiano(1)" . Como bien apunta el autor resulta necesario precisar los horarios, que oscilan según la clase social. La moda de retrasar el horario viene de imitar a las clases ociosas, apunta De Miguel(2) .
El académico y director de cine José Luis Borau(3) en reciente artículo de prensa escribe: "Al españolito medio le gusta la idea de que comer más tarde que el resto del mundo constituye otra prueba de su peculiaridad", para puntualizar después: "Nada tan lejos de la realidad. Cualquier lector podría comprobar sin buscar más allá de Larra, Galdós, o el mismo Palacio Valdés, en cuyo "Riverita" se describe un ambiente de la burguesía madrileña en las postrimerías del siglo XIX a idéntica hora de la que habría podido celebrarse en París o en Londres".
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^(1) La España de nuestros abuelos (Madrid: Espasa Calpe, 1996), p. 155.
^(2) Amando de Miguel, op. cit, p. 156.
^(3) "El Día de Valladolid". 25-01-2002
2.1. La familia: horarios según las diferentes clases sociales
La Monarquía tenía sus horarios institucionales, como los banquetes. A finales de los veinte, los almuerzos, a la una de la tarde(3) . Los domingos, de sobremesa, los soberanos con sus hijas salen a las tres de la tarde, en automóvil, para dar un paseo por la Casa de Campo y El Pardo(4) .
Las cenas oficiales también son un buen referente. Por ejemplo, en 1903, con motivo del santo del Rey (enero) tuvo lugar a las ocho (a las once y media había concluido)(5). El de 1912, se celebró a la misma hora(7) ; el mismo año, el de su cumpleaños (mayo(7)) , se inició a las nueve. A fines de 1911, el celebrado en honor del embajador de Rusia, en Nochebuena, tuvo lugar a las ocho y media(8) . Y a fines de los veinte, empiezan en torno a las nueve o nueve y media(9) . La familia real española en el exilio romano(10) , recién finalizada la Guerra Civil, desayunaba a las nueve, almorzaba a la una y media, y cenaba a las nueve.
La nobleza organizaba sus horarios gastronómicos de un modo específico. En 1860, en el hogar de los Duques de Roca, una familia nobiliaria, se almorzaba a las doce y se comía a las cinco, en verano, y a las siete, en invierno(11) . A finales del XIX, la Infanta Eulalia, hermana menor de Alfonso XII, almorzaba a la una y cenaba a las ocho(12).
En 1900, el té tenía lugar a las cinco de la tarde(13) . Esta tradición de las clases distinguidas se prolongaba habitualmente hasta las siete(14). Años más tarde, una nueva moda, a finales de los veinte, vendrá a sustituirlo, a la vez que retrasa el horario: el cocktail de siete a nueve(15).
A principios del XX, entre la clase acomodada proliferan las tertulias, pequeñas reuniones que sustituyen a los grandes bailes de antaño. El modelo era la que se celebraba en casa de la marquesa de Squilache: se cenaba a las ocho; a las diez se iniciaban los juegos y conversaciones; a las doce y media se servía té y chocolate; el encuentro se prolongaba hasta las dos(16). Con todo, en la prensa se señalaba que "la gente se ha hecho menos trasnochadora y madruga más, lo cual es bueno para la salud y los intereses". De Miguel recoge una muestra de los hábitos de un señorito madrileño de los años veinte: almorzaba a las dos y cenaba a las diez(17).
La clase media madrileña o vasca de principios del XX comía a la una; De Miguel sostiene, con numerosos ejemplos procedentes de escritores, novelistas y periodistas, que las doce era la hora de comer más frecuente(18). En los años veinte, al parecer, se retrasaba ya el hábito hasta las dos. Las cenas, durante la primera década del XX, eran a las ocho para ir a teatro (ocho y media).
A finales de la década de los treinta, el día de nochebuena, las calles de Madrid quedaban vacías a las nueve de la noche, para iniciar la cena más familiar del año(19).
En 1902, los indigentes también tienen un horario asistencial, en torno al mediodía, cuando se les servía un refrigerio en los asilos(20).
Un intento de regulación administrativa del horario de las comidas se debe a Primo de Rivera que, en 1929, lanzó a través de la prensa la propuesta de que, en lugar de la comida de las dos de la tarde y la cena de las nueve y media se hiciera "una sola comida formal, familiar, a mantel, entre cinco y media y siete de la tarde"(21).
Primo de Rivera, en un editorial, hablaba de lo mucho que comían los españoles y de lo poco que trabajaban. Por lo que defendía la necesidad de imponer las ocho horas de trabajo, para empezar a trabajar a las ocho de la mañana para terminar a las cinco, con una hora u hora y media de descanso para el descanso y la comida(22).
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^(3) El Debate, 22-XII-1928, p. 3 (en honor de los residentes argentinos). A la una y media, y hasta tres y media, en el barcelonés Palacio de Pedralbes (El Debate, 23-V-1929, portada); a la misma hora, en la embajada francesa (El Debate, 8-VI-1929, p. 2).
^(4) El Debate, 19-II-1929, p. 5.
^(5) ABC, 22-I-1903. En 1905, tras llegar a La Granja, almuerza a las dos (ABC, 30-VI-1905, p. 4).
^(6) El Debate, 24-I-1912.
^(7) El Debate, 18-V-1912.
^(8) El Debate, 24-XII-1911.
^(9) El Debate, 25-XII-1928, p. 5 (con motivo del santo de la Reina); 3-I-1929, p. 5 (recepción del cuerpo diplomático); 13-II-1929, p. 4 (encuentro con ingenieros italianos). Con motivo de la Exposición Universal de Sevilla, se ofrece un banquete de gala a las diez (11-V-1929, p. 2).
^(10) Melchor de Almagro San Martín, La pequeña historia. Cincuenta años de vida española (1880-1930) (Madrid: Afrodisio Aguado, S.A., 1954), p. 399.
^(11) Ibídem, p. 99.
^(12) Ibídem, p. 181.
^(13) La Época, 12-III-1900, portada.
^(14) Kasabal, "De cinco á siete", ABC, 19-II-1903, portada. No obstante, el horario podía retrasarse. Por ejemplo, en 1891, se sirve a las siete, al finalizar un baile iniciado a las cinco (El Heraldo de Madrid, 5-I-1891, p.2).
^(15) Beatriz, "Viejas y nuevas costumbres", El Debate, 6-II-1929, p. 4.
^(16) Kasabal, "La sociedad de Madrid", ABC, 15-I-1903, portada.
^(17) Amando de Miguel, op. cit., p. 156-157. La cita la extrae de la obra de Pío Baroja, La familia de Errotacho (Madrid: Espasa Calpe, 1932), p. 12.
^(18) Amando de Miguel, op. cit., p. 157.
^(19) Curro Vargas, "La noche feliz", El Debate, 4-I-1929.
^(20) La marquesa de Squilache, célebre por ser la anfitriona de la última tertulia madrileña, bajaba al comedor del Asilo de Jesús, de San Martín, para servir y dirigir ella misma la comida a los pobres "en punto de las doce". Véase Melchor de Almagro San Martín, op. cit., p. 86.
^(21) Amando de Miguel, op. cit., p. 158.
^(22) La Vanguardia, 10-X-1929, portada.
2.2.La vida social: festejos, celebraciones, homenajes, espectáculos y costumbres
En 1871, en Madrid, "pequeño y provincial. La gente se acuesta pronto". La zona de Retiro, la plaza de Cibeles y la Puerta de Alcalá duerme a las diez(23). Con el paso de los años, a inicios del XX, esta imagen se transforma radicalmente, como muestra Mariano de Cávia(24):
"Son muchos, muchísimos más que los Concilios y los Papas, los nacionales y extranjeros que, sin ser precisamente nocherniegos de mal género, noctámbulos de mal dormir, lechuzos de oficio, haraganes á buenas noches, ni perdís trasnochados, se encuentran perdiditos cuando á las dos de la madrugada -que son el Madrid lo que las nueve de la noche en Cuenca- tienen que abandonar el café, restaurant u hostería donde roban horas á la imagen espantosa de la muerte"
Los homenajes públicos a personajes de relieve social ofrecen también un referente de los horarios de las comidas. A finales del XIX, un banquete en honor de Alberto Aguilera, previsto a las doce y media, se inició a las dos, porque hubo de tirarse un tabique para dar cabida a todos los comensales(25). En 1929, a la una y media se sentaron a almorzar los miembros del Congreso Internacional de Ciencia(26). Con motivo de la consagración del nuevo obispo de Santander, el refrigerio empezó a las dos de la tarde y finalizó a las cuatro. A la misma hora, se homenajeó a diversas personalidades públicas(27).
En las primeras décadas del siglo XX, cuando se trataba de comidas, se celebraban, por lo general, en torno a la una y media(28). Las cenas, alrededor de las ocho y media(29). A finales de los años veinte, se inician en torno a las nueve o nueve y media(30).
Los actos religiosos ofrecen, por el contrario, horarios dispares: una boda (1904) que se inicia a las once y que finaliza a las tres de la tarde tras el almuerzo(31); otras, iniciadas a las cuatro o cinco de la tarde(32); otra, aristocrática, se celebra a las diez de la noche(33).
En 1900, hay festejos populares a primera hora de la tarde (concurso de máscaras, desde las dos)(34). Y tienen lugar espectáculos teatrales a las tres y media de la tarde(35) o conciertos (Palacio Real) a las dos y media(36). Los vespertinos se inician en torno a las ocho y media(37). De ahí, que "la gente tenga que comer corriendo y deprisa" para llegar al espectáculo(38). A finales de la década de los veinte, la primera función se programa, por lo general, para la seis o seis y media; y la segunda, en torno de las diez y media de la noche(39). Una década antes, la gente espera a las nueve de la noche para adquirir el diario La Correspondencia(40).
La vida nocturna parece ser una constante. En 1900, en la sección Vida Madrileña se manifestaba el deseo de que las reuniones y encuentros de la alta sociedad se iniciaran a las diez y terminaran sobre las doce de la noche(41). En 1903, la plazoleta del Rastro era, a las dos de la madrugada, el máximo exponente de la vida nocturna madrileña(42). En los Cafés económicos, a la salida de teatro, se celebraban tertulias hasta las dos de la mañana(43). En ocasiones, las recepciones nobiliarias se prolongaban toda la noche(44).
En 1912, la vida nocturna alcanzaba también hasta bien entrada la madrugada. Célebre era el madrileño Cafetín de Calatrava, cuyos clientes asiduos de las tres de la madrugada, calificados de "hampa de hogaño", salían retratados en una portada de El Debate(45).
En 1929, el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Stresemann, de visita a España, daba sus impresiones sobre la vida social de la capital española(46):
"Lo que sí nos ha sorprendido extraordinariamente es el orden de vida de ésta. Yo, en Alemania -y como sabe usted que es costumbre allí- ceno muy temprano, y desde mi enfermedad, a las nueve y media me acuesto. Figúrese, pues, mi sorpresa al enterarme de que aquí se cena a las once y duran las fiestas hasta el alba (...) Divertirse hasta la madrugada y empezar a trabajar a las diez es una leistung (proeza-podríamos traducir)"
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^(23) El Debate, 22-XII-1928, p. 3 (en honor de los residentes argentinos). A la una y media, y hasta tres y media, en el barcelonés Palacio de Pedralbes (El Debate, 23-V-1929, portada); a la misma hora, en la embajada francesa (El Debate, 8-VI-1929, p. 2).
^(24) El Debate, 19-II-1929, p. 5.
^(25) ABC, 22-I-1903. En 1905, tras llegar a La Granja, almuerza a las dos (ABC, 30-VI-1905, p. 4).
^(26) El Debate, 24-I-1912.
^(27) El Debate, 18-V-1912.
^(28) El Debate, 24-XII-1911.
^(29) El Debate, 25-XII-1928, p. 5 (con motivo del santo de la Reina); 3-I-1929, p. 5 (recepción del cuerpo diplomático); 13-II-1929, p. 4 (encuentro con ingenieros italianos). Con motivo de la Exposición Universal de Sevilla, se ofrece un banquete de gala a las diez (11-V-1929, p. 2).
^(30) Melchor de Almagro San Martín, La pequeña historia. Cincuenta años de vida española (1880-1930) (Madrid: Afrodisio Aguado, S.A., 1954), p. 399.
^(31) Ibídem, p. 99.
^(32) Ibídem, p. 181.
^(33) La Época, 12-III-1900, portada.
^(34) Kasabal, "De cinco á siete", ABC, 19-II-1903, portada. No obstante, el horario podía retrasarse. Por ejemplo, en 1891, se sirve a las siete, al finalizar un baile iniciado a las cinco (El Heraldo de Madrid, 5-I-1891, p.2).
^(35) Beatriz, "Viejas y nuevas costumbres", El Debate, 6-II-1929, p. 4.
^(36) Kasabal, "La sociedad de Madrid", ABC, 15-I-1903, portada.
^(37) Amando de Miguel, op. cit., p. 156-157. La cita la extrae de la obra de Pío Baroja, La familia de Errotacho (Madrid: Espasa Calpe, 1932), p. 12.
^(38) Amando de Miguel, op. cit., p. 157.
^(39) Curro Vargas, "La noche feliz", El Debate, 4-I-1929.
^(40) La marquesa de Squilache, célebre por ser la anfitriona de la última tertulia madrileña, bajaba al comedor del Asilo de Jesús, de San Martín, para servir y dirigir ella misma la comida a los pobres "en punto de las doce". Véase Melchor de Almagro San Martín, op. cit., p. 86.
^(41) Amando de Miguel, op. cit., p. 158.
^(42) La Vanguardia, 10-X-1929, portada.
^(43) La Época, 12-III-1900, portada.
^(44) Kasabal, "De cinco á siete", ABC, 19-II-1903, portada. No obstante, el horario podía retrasarse. Por ejemplo, en 1891, se sirve a las siete, al finalizar un baile iniciado a las cinco (El Heraldo de Madrid, 5-I-1891, p.2).
^(45) Beatriz, "Viejas y nuevas costumbres", El Debate, 6-II-1929, p. 4.
^(46) Kasabal, "La sociedad de Madrid", ABC, 15-I-1903, portada.
2.3. La economía: horarios laborales y comerciales
En la última década del siglo XIX, el horario matinal de los albañiles finalizaba al mediodía y se reemprendía, por la tarde, a las dos(47). Las clases trabajadoras poseen un horario anticipado. El albañil, por ejemplo, se levanta a las cinco, almuerza a las doce, cena a las siete u ocho (según la estación)(48).
Las verduleras, en 1918, colocaban sus puestos en la calle a las cuatro y media de la madrugada en invierno, al alumbrar el día, y los retiraban a las doce. Dos décadas después, el horario de verano de las fruterías y despachos de fiambres era de 8:00 a 13:30 (domingo de 09:00 a 13:00) y de 17:00 a 20:30)(49).
Las modistillas concluían su jornada a las ocho de la tarde, y las criadas de servir debían estar a esa hora en casa de sus señores(50).
El periodista Curro Vargas, en un artículo costumbrista de 1912, describía el despertar a la vida de Madrid que se sitúa en torno a las seis de la mañana, cuando la población obrera empieza a circular y se levantan las persianas en los hogares(51).
En 1918, con motivo del cambio al horario de verano, El Sol publicaba la encuesta ciudadana realizada por un periodista con el fin de reflejar las bondades o pérdidas de tal medida(52). "La disposición oficial que nos obliga a levantarnos a las nueve siendo las ocho, y a almorzar a la una siendo las doce, no merece otra cosa que elogios", escribía Tartarín. Un empresario teatral se preguntaba si el público adelantaría su vida, como los relojes, "si en vez de cenar a las nueve de la noche cenará a las diez".
En 1926, el horario comercial de verano era el siguiente: de 9:30 a 13:30 horas, y de 15:30 a 20:30(53). Ese mismo año, de 14:30 a 15:30 horas se difundía la programación de sobremesa de Unión Radio (EAJ7), en vísperas de su primer aniversario.
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^(47) Amando de Miguel, op. cit., p. 156-157. La cita la extrae de la obra de Pío Baroja, La familia de Errotacho (Madrid: Espasa Calpe, 1932), p. 12.
^(48) Amando de Miguel, op. cit., p. 157.
^(49) Curro Vargas, "La noche feliz", El Debate, 4-I-1929.
^(50) La marquesa de Squilache, célebre por ser la anfitriona de la última tertulia madrileña, bajaba al comedor del Asilo de Jesús, de San Martín, para servir y dirigir ella misma la comida a los pobres "en punto de las doce". Véase Melchor de Almagro San Martín, op. cit., p. 86.
^(51) Amando de Miguel, op. cit., p. 158.
^(52) La Vanguardia, 10-X-1929, portada.
^(53) La Vanguardia, 10-X-1929, portada.
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